La pregunta se repite
cada vez con más fuerza: ¿las ciudades guatemaltecas ya no pueden crecer más?
La evidencia sugiere que el crecimiento urbano no solo es inevitable, sino que
ya es la realidad a nivel global.
Según datos del Banco
Mundial, en 2025 alrededor de 4.5 mil millones de personas —el 57% de la
población mundial— viven en áreas urbanas; y proyecciones de Naciones Unidas
estiman que para 2050 el 68% de la humanidad será urbana, sumando 2.5 mil
millones de personas a las ciudades. Guatemala forma parte de esa tendencia y,
en algunos indicadores, la acelera. Los datos disponibles hasta 2024 muestran
que el crecimiento urbano anual del país (2.2%) se ubica por encima de otros
países de la región como El Salvador (1.1%), Colombia (1.4%), México (1.2%) y
Panamá (1.5%). Esto demuestra una idea clave: la discusión de fondo no debería
centrarse en “si la ciudad crece”, sino en cómo crece y qué tipo de decisiones
se toman para ordenar ese crecimiento.
En esa misma línea,
las dinámicas del mercado guatemalteco reflejan señales de densificación. Los
datos de licencias apuntan a un auge en vivienda multifamiliar y ampliaciones,
como manifestaciones de densificación natural. Leído correctamente, esto no es
“caos”, sino evidencia de que la ciudad está cambiando y de que ese cambio
puede encauzarse con reglas claras y planificación urbana sostenible para
crecer mejor.
El reto aparece cuando
el crecimiento ocurre sin planificación consistente en el tiempo. En Guatemala
el parque vehicular ha crecido en más del 70% en apenas cuatro años, impulsado
por el crecimiento poblacional y la necesidad de recorrer largas distancias. La
evidencia también es clara en el sentido inverso: a mayor densidad, menor
dependencia del automóvil, lo que abre espacio para fortalecer el transporte
público y alternativas de movilidad como bicicletas densificación acompañada de
mejor transporte ayuda a mitigar el congestionamiento vehicular y construir
ciudades más sostenibles.
“Se confunde la
densidad (una medida física: habitantes/hectárea) con el hacinamiento (una
condición de mala calidad de vida). La densificación bien planificada,
acompañada de espacio público, transporte eficiente y servicios, es la forma
más sostenible de crecimiento. El verdadero problema es la dispersión urbana
(sprawl), que genera altos costos de infraestructura, dependencia del automóvil
y destrucción del territorio” Mencionó Marielos Marin,
investigadora del Observatorio para las Ciudades.
Desde esta
perspectiva, la verdadera cuestión no es si la ciudad “puede crecer
más”, sino si estamos listos para crecer mejor. La planificación urbana
sostenible exige una visión integral y una responsabilidad compartida entre
municipalidades, Ejecutivo, sector privado, sociedad civil y ciudadanía. En
otras palabras, no es un tema de un solo actor, sino de coordinación y
decisiones de largo plazo.
“Buscar detener el
crecimiento no es la solución; la densificación es uno de los pilares de las
ciudades realmente resilientes. El reto principal es construir una
planificación ordenada, consistente en el tiempo, con visión integral y de
largo plazo”, señaló José Andrés Ardón, director
ejecutivo de la Cámara Guatemalteca de la Industria de la Construcción.
La conversación sobre
densificación y crecimiento urbano, entonces, debe partir de datos y de una
premisa simple: la ciudad puede y debe crecer mejor, aprovechando de forma
inteligente los recursos existentes, ordenando la expansión y elevando el
estándar de calidad de vida para las familias.