El tatuaje ha dejado de ser solo una tendencia
estética para convertirse en una forma de expresión artística profunda y
personal. Así lo vive Gerson Guerra, tatuador guatemalteco con más de 11 años
de trayectoria, cuyo trabajo va más allá de la piel y se conecta directamente
con las historias de quienes confían en su arte.
Para Gerson, tatuar no es únicamente marcar un
diseño, sino formar parte de momentos significativos en la vida de sus
clientes. “Muchos tatuajes conmemoran el recuerdo de un ser querido, el amor a
la pareja o a los hijos. Es un compromiso no solo con mi arte, sino con la
persona que llega a mí”.
Su camino hacia el tattoo está profundamente
ligado a su historia familiar. Desde niño estuvo rodeado de arte gracias a su
padre, quien tras un accidente encontró en el dibujo, la pintura, la escultura
y el tatuaje una nueva forma de vida. Aunque falleció cuando Gerson tenía 11
años, dejó sembrada una pasión que hoy se expresa en cada pieza.
Antes de dedicarse de lleno al tatuaje, Gerson
exploró diversas disciplinas como pintura en óleo, acuarela y acrílico,
muralismo, grafiti, escultura y talla en madera. Esa mezcla de técnicas se
refleja en su estilo y en su visión del tatuaje como una experiencia
transformadora.
Actualmente atiende en su estudio ubicado en
el Centro Cultural La Quinta, en el corazón de la zona 1 de la Ciudad de
Guatemala, donde continúa construyendo historias a través del arte en la piel.
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