La proteína suele asociarse con atletas, rutinas de gimnasio u objetivos de
peso, pero su función en el organismo va mucho más allá. Según la Dra. Krissy
Ladner, directora de Desempeño Deportivo y Educación en Nutrición de Herbalife,
para los adultos activos la proteína es una base diaria que apoya la fuerza, la
energía, la recuperación y el bienestar general. “El consumo constante de
proteína cumple un papel central en el apoyo a un estilo de vida activo, ya sea
para quienes entrenan con regularidad, se mantienen activos en el trabajo o
simplemente buscan sentirse más fuertes y vitales”, señala la experta.
Más allá del gimnasio
La proteína aporta los bloques de construcción necesarios para mantener
y reparar el tejido muscular. Cada vez que realizamos actividad física, desde
caminar hasta entrenar, las fibras musculares se ven exigidas en mayor o menor
medida. Este nutriente ayuda al cuerpo a recuperarse de ese estrés y a
adaptarse, preservando la masa muscular. Este proceso contribuye a la fuerza
física, la movilidad y la salud metabólica a lo largo del tiempo, factores
esenciales para mantenerse activo a cualquier edad.
Además, la proteína también apoya la salud metabólica. El músculo es un
tejido metabólicamente activo, es decir, participa en la forma en que el cuerpo
utiliza la energía. Mantener la musculatura mediante una ingesta adecuada de
proteína favorece un metabolismo saludable y puede contribuir al control del
peso a largo plazo, cuando se combina con una alimentación equilibrada y la
práctica regular de actividad física.
La importancia de la constancia a lo largo del día
Un error común es pensar que la proteína solo es importante
después de entrenamientos intensos o cuando el objetivo es ganar masa muscular.
En realidad, el cuerpo obtiene mayores beneficios cuando se consume de manera equilibrada
a lo largo del día. “Por eso, distribuir la ingesta de proteína entre las comidas
ayuda a preservar la masa muscular, a apoyar el control del apetito y a
sostener niveles de energía más estables. Las comidas con una cantidad adecuada
de proteína suelen ser más satisfactorias y pueden ayudar a reducir las caídas
de energía que se producen cuando la alimentación depende en exceso de
carbohidratos refinados”, agrega Krissy
Una ingesta adecuada de proteína también ayuda a afrontar mejor las
exigencias físicas del día a día. “Combinar proteína con carbohidratos después
de la actividad ayuda a reponer las reservas de energía y a apoyar la
reparación muscular. Con el tiempo, una adecuada
recuperación puede mejorar la adherencia a la práctica de actividad física regular
y reducir molestias, haciendo más fácil mantenerse activo”, añade.
Elegir calidad y variedad
La calidad y la variedad son importantes cuando se trata de proteína. Las
fuentes animales reducidas en grasa, como cortes magros de carne roja, pescados,
aves (sin piel ni grasa visible), huevos y lácteos descremados, aportan
aminoácidos esenciales en una forma altamente biodisponible. Las opciones de
origen vegetal, como las legumbres, los alimentos a base de soya, los frutos
secos, las semillas y los cereales integrales, contribuyen con proteína, además
de fibra y fitonutrientes. Combinar distintas fuentes también ayuda a cubrir
las necesidades nutricionales y a mejorar la calidad general de la dieta.
Las rutinas modernas a veces dificultan alcanzar las necesidades de
proteína solo a través de las comidas. Mañanas aceleradas, jornadas laborales
extensas y patrones de alimentación más controlados en calorías pueden generar
brechas en la ingesta. “En estos casos, snacks ricos en proteína, smoothies o batidos pueden contribuir a complementar el consumo de una manera
práctica, sin requerir grandes porciones ni un exceso de calorías,
especialmente en días en que las comidas se realizan con prisa o se retrasan”,
orienta Krissy.
Proteína y envejecimiento
Con el paso del tiempo, el cuerpo de forma natural se vuelve menos
eficiente en el mantenimiento de la masa muscular, un proceso que puede
comenzar ya en la mediana edad. Esta disminución gradual puede afectar la
fuerza, el equilibrio y la movilidad. La ingesta constante de proteína ayuda a
sostener el mantenimiento y la reparación muscular, y cumple un papel
fundamental para mantenerse activo, resiliente e independiente a lo largo del
tiempo.
Krissy agrega que conservar la masa muscular magra no es solo una cuestión
de desempeño: “Sostiene las funciones del día a día y actividades simples, como
subir escaleras, cargar compras o mantener la estabilidad al caminar, que
dependen de la fuerza muscular. La proteína en una cantidad adecuada, combinada
con la práctica regular de actividad física, ayuda al cuerpo a adaptarse al
estrés físico y a preservar la capacidad funcional a lo largo de la vida”,
concluye.
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