A
cinco décadas del terremoto de 1976, y pese a las lecciones aprendidas,
Guatemala continúa siendo altamente vulnerable frente al riesgo sísmico.
Expertos estiman que un evento comparable podría
provocar daños de hasta Q100,000
millones en infraestructura y edificaciones
actualmente expuestas en el departamento de Guatemala, donde se concentra cerca
del 43 % de la economía nacional.
Ante este escenario, la Asociación Guatemalteca de Instituciones de Seguros (AGIS) considera impostergable el fortalecimiento de una estructura nacional de continuidad de negocio, sustentada en una coordinación tripartita efectiva entre el Gobierno, el sector privado y la academia. La preparación ante desastres no se mide por la capacidad de evitar un sismo, sino por la posibilidad de que la economía guatemalteca continúe operando después del evento, evitando retrocesos de 10 o incluso 15 años en el Índice de Desarrollo Humano.
En este
contexto, el sector asegurador guatemalteco se consolida como un pilar
fundamental de la resiliencia económica, al ofrecer mecanismos de protección
que salvaguardan el patrimonio y la actividad productiva frente a eventos
catastróficos.
En un país con alta exposición al riesgo sísmico, la diferencia entre una crisis y una recuperación ordenada está en el nivel de preparación financiera. El aseguramiento y la continuidad de negocio son herramientas clave para proteger la economía y el empleo.
Esta fortaleza se sustenta
no solo en una gestión
técnica local sólida y responsable, sino también en la efectiva transferencia de riesgos hacia
reaseguradoras internacionales de primer nivel, lo que garantiza el respaldo de capitales globales
y una respuesta financiera
oportuna y eficaz ante siniestros de gran magnitud, contribuyendo así a la
estabilidad y continuidad económica del país.
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