Estas brechas
estructurales, son más marcadas que el promedio global en Centroamérica, Panamá
y República Dominicana, de acuerdo con la encuesta "Mujeres en el trabajo
2025: Una perspectiva global", que recopiló las opiniones de 7.500 mujeres
en entornos laborales de 15 países.
Entre los
principales hallazgos del estudio, la salud mental emerge como una de las
mayores preocupaciones: solo el 51% de las encuestadas considera que su estado
es bueno o muy bueno, mientras que un número importante reporta mayores niveles
de estrés en comparación con el año anterior.
Esta realidad
tiene raíces profundas en la región, en Guatemala, Costa Rica, Honduras, El
Salvador, Panamá y República Dominicana, las trabajadoras cargan con una doble
presión: el estudio indica que las
responsabilidades domésticas continúan recayendo en mayor medida en las
mujeres, incluso cuando son el principal sostén económico del hogar, lo que
impacta su desempeño y permanencia laboral.
Entre las
encuestadas que viven con su pareja, solo el 14% asegura compartir la gestión
de finanzas por igual, mientras que únicamente el 27% menciona compartir el
cuidado infantil de manera equitativa.
En la región,
esta realidad toma dimensiones aún más marcadas. Las mujeres dedican un
considerable número de horas a actividades de cuidado no remuneradas, lo que
genera una significativa disminución del potencial productivo femenino en
América Latina.
El informe Mujeres en el trabajo, ofrece datos valiosos sobre qué motiva a las mujeres a permanecer en sus empleos. Cerca de cuatro de cada diez mujeres señalan el trabajo flexible como uno de los principales habilitadores del éxito, siendo la flexibilidad sobre cuánto trabajar un factor clave de retención entre quienes consideran permanecer más de cinco años en una organización, mientras que la falta de ella las puede impulsar a renunciar o cambiar de rol. Los datos regionales complementan el panorama global. En América Latina, la tasa de participación laboral femenina alcanza apenas el 51,8%, frente al 74,4% de los hombres, una brecha que persiste pese a que las mujeres han recuperado los niveles prepandemia.
Atender estos
desafíos representa una oportunidad estratégica para que las empresas promuevan
entornos laborales inclusivos, flexibles y con enfoque en el bienestar.
La falta de
equilibrio entre la vida personal y laboral es el principal motivo por el que
las encuestadas desean dejar su trabajo, de acuerdo con el 30% de las
participantes. Para las empresas de la región, esto no es solo un tema de
equidad es un asunto de competitividad y sostenibilidad del negocio.
El 43%
destaca que el apoyo organizacional permite su desarrollo profesional, el 37%
considera importante que su trabajo permita la modalidad híbrida; el 32% cita
la importancia de que los empleadores no excedan la jornada laboral y el 28%
menciona la necesidad de un espacio física y psicológicamente seguro.
Poco menos
del 60% de las mujeres encuestadas califica su salud física como buena o muy
buena. Sin embargo, el 24% afirma padecer dolores o síntomas relacionados con
trastornos menstruales, menopausia o desafíos de fertilidad, y pese a que
algunas cuentan con medidas de apoyo, otras deben seguir laborando sin poder
ausentarse. Este tema sigue siendo tabú en los entornos laborales de nuestra
región, donde las políticas de salud en el trabajo raramente contemplan las
particularidades de la biología femenina.
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